Fotografía tomada de Internet
El ecuatoriano Santiago Quintero desde niño sintió el llamado de las montañas. A los 15 años este sueño tomó un camino de certeza cuando escaló el Rumiñahui junto a Jack Bermeo, quien fue su guía espiritual para entender el montañismo. Y su carrera de montañista despuntó llegando a convertirse en el quinto a nivel mundial y el primer ecuatoriano en escalar la pared sur del Aconcagua.
Actualmente trabaja como guía de alta montaña y con sus 37 años relata una historia de película, desde que le fueron amputados los dedos de sus dos pies, siendo éste un momento decisivo no solo de su carrera sino de su vida, ya que inició la lucha entre su ego llevado por la lógica del mundo y su alma que está enmarcada en su profundo sentimiento de fe y esperanza hacia el sentido de trascendencia.
Su historia permanece un tanto oculta hasta que él decide contarla y convertirse en el primer ser humano que puede escalar montañas de más de 8 000 metros con parte de sus pies amputados.
En el 2001, Quintero decidió escalar la montaña del Aconcagua, la más alta del continente americano, ubicada en Argentina, una montaña con desniveles y un intenso frío, que llegó a congelar sus pies. Bajó la montaña sin problemas y después comenzó a sentir molestias, el diagnóstico negativo: parte de sus pies se congelaron.
Fue trasladado a España y en un hospital de este país permaneció cerca de nueve meses, donde realizó innumerables tratamientos que poco a poco le permitieron volver a caminar. Pero ¿y volveré a escalar? Esa pregunta rondaba su cabeza todos los días, y nadie le dada una respuesta certera, quizá jamás hubiera vuelto siquiera a caminar, pero su fe y tenacidad no le impidieron completar hasta recién la escalada de las 35 elevaciones más altas en Ecuador en 60 días, además de 3 expediciones al Himalaya y escalar el K2, aunque se quedó a 200 metros de esa majestuosa cúpula.
Esta parte de su vida le permitió quitarse telarañas que envuelven el éxito a través del ego, al ser categorizado como uno de los mejores montañistas del mundo. Esta parte de su vida rompió sus propios paradigmas y aquellos subterfugios de su mente que le llevaron a creer en la realidad como un espejismo del éxito desde la apariencia.
Sin embargo, cayó de golpe, el superar las amputaciones de sus dedos fue el momento oportuno que la vida le entregó para darse cuenta que los sueños y las aspiraciones solo se consiguen con fe en Dios y la mano del ser humano en la organización, planificación y ejecución. Estas tres palabras mágicas que Quintero las define como la esencia para alcanzar los grandes ideales que todo individuo lleva dentro.
Hoy por hoy, para este montañista existe otro desafío y es el ascenso al K2, la segunda montaña más alta después del Everest. Él sueña con pisar la cima y ver culminado uno de los propósitos de su vida, quizá porque el complemento de su aspiración se congregue en la proximidad a la libertad que le ofrecen las montañas.

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