No hay pretensión más simbólica en el oficio periodístico que la objetividad. Si este concepto ideal no existiera, tambalearía la base comercial de la comunicación. Me refiero a la credibilidad.
“La objetividad periodística: una pretensión tan desmedida como la de aprisionar el reflejo de las aguas de un río, que en un instante son y en el siguiente dejan de ser. Sin embargo, esa objetividad es la garantía que el lector busca para poder creer”[1]. Toda acción comunicativa noticiosa o informativa se basa en la credibilidad; reporteros, presentadores y medios de comunicación deben mantener una imagen de veracidad para ser considerados como emisores serios de información. Para cumplir este fin, utilizan términos como neutralidad, imparcialidad o impersonalidad. Sin estos ingredientes publicitarios, los receptores no escogerían al medio y no consumirían la información por ellos emitida.
La objetividad en ese sentido se ha convertido en un requisito comercial y no está mal promulgarla, tampoco pretenderla. El problema es que la objetividad no existe más allá de su concepto y, hoy por hoy, los medios de comunicación han vendido la idea que la objetividad es una práctica concreta de los periodistas, como si esta fuera un elemento per se en la noticia. En realidad, se va diluyendo la idea de lograr la objetividad ya que depende de múltiples factores.
Pedro Salinas en su libro Rajes del Oficio hablando de la objetividad en el ejercicio cotidiano dice: “Nadie, o muy pocos, se atreven a reivindicar esta noción como base de la tarea en los medios de hoy, citando a varios personalidades amplía:
-Rosa M. Palacios: la objetividad es una aspiración.
-Fernando Vivas: como ideal a alcanzar.
-Mario Vargas Llosa: “no, ese es un cuentazo y la manera de compensar el hecho que no exista un periodismo objetivo es que haya un periodismo plural”[2].
La objetividad del periodismo es similar a esconder el proceso de formación y transformación del mundo y del ser humano, porque si bien el periodista debe intentar informar los hechos y acontecimientos sin apreciaciones personales ni con afirmaciones basadas en su punto de vista, la realidad misma está falseada desde un inicio por la percepción de sus sentidos, más tarde por su formación familiar, escolar, universitaria y luego por el cúmulo de expresiones y tendencias que se transmiten desde los aparatos ideológicos del Estado, es decir, las instituciones que controlan y rigen los lineamientos para actuar en sociedad.
Hablar de objetividad en la emisión de información es hablar de narrar o contar los hechos “reales”, sin interpretaciones ni juicios de valor. En este sentido, el periodista no debe involucrar sus percepciones, sus valores, su tendencia ideológica, etc., hecho que es poco probable por lo anteriormente mencionado, además porque en nuestro medio el periodista responde, en muchos casos, al posicionamiento de un medio de comunicación y sus intereses.
La pretensión no es desvirtuar la anhelada objetividad del periodismo, sin embargo, la comunicación debe responsabilizarse por develar los conceptos en tanto se pretende alinearlos a la actividad periodística y al manejo de información. La comunicación como proceso de interlocución e interacción debe encaminar las definiciones y trasladar las inquietudes de la sociedad al ámbito de la resolución en torno al debate y la reflexión.
LA OBJETIVIDAD DESDE LA EPISTEMOLOGÍA
La inexactitud conceptual ha determinado que objetividad (descripción exacta de los objetos) y verdad, hayan sido confundidas como un mismo término. Revisemos brevemente las definiciones más básicas de estas palabras para entender cómo este error conceptual ha posicionado a los medios y a los periodistas en un sitial elevado de la humanidad:
“Verdad (Del lat. verĭtas, -ātis).
1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
2. f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
3. f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
Objetivo, va.
adj. Perteneciente o relativo al objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir.
adj. Desinteresado, desapasionado.
adj. Fil. Que existe realmente, fuera del sujeto que lo conoce”[3].
Durante cientos de años, la discusión acerca de la posibilidad de conocimiento de la verdad, ha preocupado a los filósofos y epistemólogos del mundo entero. La lucha entre la información que nos proporcionan los sentidos y la que nos proporciona la razón ha motivado múltiples discusiones, ya sea porque los sentidos nos pueden engañar o porque la razón no siempre alcanza para explicar la verdad.
La verdad es la propiedad de una cosa de mantenerse siempre la misma y sin mutación, la verdad ES, independiente de lo que vemos o pensemos acerca de ella. En eso coincide con los objetos, los cuales existen fuera del sujeto que los mira, son una verdad por conocer, son inmutables también pero no son la verdad en sí mismos, solo son una pieza de una verdad mayor que abarca también a los sujetos.
Al ser la verdad y los objetos independientes de quienes los conocen, es un error común interpretar que, quien describe objetivamente - objeto por objeto - un suceso, sin la interferencia de apasionamientos e intereses ocultos, sea considerado una persona que alcanza la verdad.
Pues bien, los medios en la modernidad se han autoproclamado objetivos, capaces de entender la verdad que yace en los objetos. Por tanto, y siendo irónica en el planteamiento, los medios y los periodistas son parte de una especie superior de humanos que han logrado el control pleno de sus sentidos y de su razón. Ahora son dueños de la VERDAD en mayúsculas.
Para Humberto Maturana[4], se debe rechazar la tradicional teoría de la verdad objetiva como forma de conocimiento, proponiendo la objetividad entre paréntesis como una manera más específica de explicar el aprendizaje de los seres vivos. En un artículo escrito por Kléber Torres Lopéz se resume así su pensamiento: “La objetividad “sin paréntesis” o trascendental considera que… “las cosas existen independientemente de si él o ella las conoce, y de si él o ella puede o no conocer acerca de ellas a través de la percepción o la razón” (Maturana, 2002). Esta opción explicativa expresa que cuando se habla de un mundo material, éste no compromete, no implica en nada al observador (ser humano), sino que se trata de una existencia independiente de la vida misma de cada ser humano.
En la objetividad “sin paréntesis” cualquier explicación dada adquiere una validez incuestionable, pues el observador proyecta afirmaciones que nada tienen que ver con su subjetividad, con su mundo perceptual. Este tipo de objetividad presume que el ser humano es capaz de capturar la realidad tal cual es, pretendiendo darle un carácter de universal. De esta manera, se subvalora la subjetividad humana asignándole un lugar cercano al error y a la ligereza y/o simplicidad explicativa. Por tanto, la objetividad “sin paréntesis” será lo racional, lo válido.
En cambio, la (objetividad) “con paréntesis” es un concepto clave en el explicar epistemológico de Maturana. Desde dicho concepto propone una diferente explicación del conocer/hacer humano. Una explicación que supera la dualidad: objeto-sujeto.
Una de las características de la (objetividad) “con paréntesis” es que en el ser humano… “sus habilidades cognitivas como observador son fenómenos biológicos ya que son alterados cuando su biología es alterada, y desaparece con él o ella en el momento de la muerte” (Maturana, 2002). Por tanto, el conocimiento de la realidad constituye una implicación del observador en la observación, en lo observado; más aún, el observador es parte de la misma observación, de lo observado y de la realidad, en una lógica de unicidad.
Consecuentemente, en el “camino explicativo” de la (objetividad) “con paréntesis”… “la existencia es constituida con lo que el observador hace, y el observador trae a la mano los objetos que él o ella distingue con sus operaciones de distinción, como distinciones de distinciones en el lenguaje” (Maturana, 2002). Esto significa que la existencia se construye ininterrumpidamente en el lenguaje del observador, proceso en el que no es posible la fractura entre observador y realidad.
Pero más allá de estos planteamientos, es importante manifestar que las premisas de la objetividad en función de trasladar los hechos a través del lenguaje como son o como se han dado en la realidad, se descomponen en la medida que, si hablamos de la realidad del hombre tenemos que afirmar, sin lugar a dudas, que la construcción de esa realidad responde al carácter cultural creado por el ser humano en tanto producción y reproducción de conocimiento, en tanto configuración de las realidades a partir del mundo, los actores sociales y el lenguaje. Este último, no como realidad ni como estructura limitada, sino más bien como medio de comunicación que nos permite comprender la flexibilidad que tienen los discursos, los textos.
Para Umberto Eco[5] es preciso analizar la producción de signos y su interpretación. En este escenario, se vuelve indispensable entonces comprender el lenguaje como medio de comunicación para la interpretación de la realidad en relación a la cultura, el contexto, el entorno. Interpretación que la realiza el sujeto histórico a partir de unas condiciones pre-establecidas, así el lenguaje como canal permitirá establecer las condiciones históricas en relación con la interpretación del ser humano.
Vivimos en un mundo de signos, donde el lenguaje ocupa un lugar central para poder comunicarnos a nivel de comprensión intersubjetiva y diálogo. La “realidad objetiva” estará, entonces, mediada por la subjetividad humana en tanto configuración de significaciones y sentidos de nuestra vida. El periodista utiliza el lenguaje en su proceso de informar al resto, produce y propone en su creación informativa, aquellos hechos cambiantes que no permanecen pasivamente. De ahí, la necesidad del pluralismo en la información y la comunicación.
LA OBJETIVIDAD Y SU FUNCIÓN DESCRIPTIVA
La defensa de la objetividad del periodismo surge como un ideal que debe guiar la labor del periodista, muy difícil de lograr por cierto. El periodista no puede ser un mero reflejo de la realidad, porque es en primera instancia, ser humano. La objetividad del periodista estará marcada por el uso de cifras, fechas, horas, lugares donde ocurrieron los hechos, declaraciones de testigos, incluso herramientas utilizadas sobre todo en los medios audiovisuales con presentadores serios y formales, en las emisiones noticiosas el uso de imágenes inéditas, movimientos bruscos de cámara que connotan un sentido particular de acercamiento a la realidad, etc., elementos que tratan de crear la impresión de que el periodista y el medio al que pertenecen son sólo transmisores de información. Son elementos que intentan reforzar la idea de la objetividad y veracidad del medio informativo más que comprender la labor del periodista.
“Entre los recursos enfáticos que caracterizan esta forma de escribir podemos señalar una fuerte tendencia a la nominalización del estilo (lo que provoca un alargamiento de las frases, la profusión de enlaces prepositivos y sensación de estatismo), el recurso a los lexemas verbales complejos (provocar un debate por debatir, renunciar a cargos por dimitir, llevar a la práctica por aplicar) y el uso frecuente de giros nominalizados (a favor de, en línea con, de cara a, en orden a...). Junto a estos elementos, el periodista suele recurrir a un lenguaje solemne y ampuloso, con abundantes expresiones tomadas de léxicos especializados (administrativo, judicial... ) para remarcar la exactitud y objetividad del mensaje”[6]. La percepción del periodista está oculta, sin embargo, hay que generar el análisis y reflexión en torno a estos elementos sencillos y cotidianos que nos trasladan a la comprensión que, más allá de ser o no periodista, el ser humano plasma su percepción de la realidad y construye una información que será comunicada a otro desde la interpretación subjetiva de un determinado hecho o acontecimiento. Es decir, toda actividad informativa es una actividad interpretativa.
El reto del periodista se enmarca en su capacidad descriptiva para acercarse a la objetividad. Un ejercicio complejo a la hora de manejar la destreza de describir los hechos sin tergiversarlos con su interpretación. Llegar a una audiencia e informar sobre los acontecimientos se vuelve un trabajo de comprensión sobre los aspectos de trascendental importancia desvinculados de juicios de valor o percepciones personales. Ardua tarea.
El fundador de la revista de periodismo de la Universidad de Columbia, James Boylan, manifestaba que hay un término medio, tan difícil como todas las virtudes: contar la historia e interpretarla sin tocarle un pelo a la exactitud, pero al mismo tiempo hacerle sentir al lector que uno está de su lado, que trabaja para él y con él y que sólo él importa.
En definitiva, el periodista juega como un malabarista en la cuerda floja, tiene la responsabilidad del oficio de ser lo más fiel a los hechos y a la realidad, pero a la vez, deberá ser creíble a través de su trabajo periodístico, alejando lo más posible su subjetividad en función de aquel fin último de informar a una audiencia con veracidad y pluralismo.
LA OBJETIVIDAD Y LA ÉTICA
Es necesario comprender la dimensión de comunicar y ser comunicado. Comunicadores sociales y periodistas deben cumplir la responsabilidad de informar a la sociedad a través de principios deontológicos que configuren el respeto al otro y la contribución con la comunidad. Por ello, la necesidad de intentar describir los hechos, interpretar los acontecimientos y las realidades, manifestar opiniones y criterios, utilizando en cualquiera de estos casos, los mecanismos para orientar la opinión pública, sin manipulaciones ni persuasiones.
Es fundamental ser reflexivos y críticos sobre la realidad y los aspectos que trascienden de ella. El periodista debe encaminar la información y responsabilizarse por el cumplimiento de los derechos fundamentales y aquellos que rigen en su región o nación. El periodista debe abandonar sus ideas, creencias o preferencias personales, aunque difícil tarea, posible en la medida que alcance los niveles pertinentes de ética en su labor.
CONCLUSIÓN
En realidad la objetividad no es más que un horizonte al cual se aspira llegar y que casi siempre se plasma, en alguna medida, en los géneros periodísticos. Pero no es una práctica cuantificable o medible, es inadecuado autoproclamarse 100% objetivos, ¿en base a que parámetros?... Se hace necesario entonces, romper el mito del alejamiento del periodista con respecto a la noticia. “Han existido, por otra parte, prácticas periodísticas con las que se pretende mantener una objetividad imposible….Una práctica de esta naturaleza, sugiere la pregunta: ¿para preservar la objetividad, debe desaparecer el yo del periodista? Parecen sugerirlo así las normas que prohíben los coloquialismos, el estilo del lenguaje hablado, el uso del yo y, desde luego, la opinión personal. En lugar de eso, son de rigor el lenguaje neutro, las citas de fuentes y el uso de estrategias persuasivas como la descripción de los hechos en directo, el recurso a testigos cercanos y a representantes de la autoridad, el manejo de cifras y porcentajes: edades, fechas, hora de los hechos, peso, tamaño….Aparentemente en la práctica periodística se han acumulado demasiados recursos para disipar en el lector la sospecha de que el “yo” del periodista es el que impone una versión no objetiva y para consolidar la certeza de que, al desaparecer el “yo”, se puede tener la seguridad de una información objetiva…”[7].
El periodista no puede abandonar su “yo”, es imposible aislarse y no pensar y no sentir, y no opinar los 365 días de un año, peor aún en circunstancias diferentes, con premuras, con presiones, etc. El periodista, al contrario, debe ser fiel a sus ideas, debe ser consciente que está brindando un servicio público, que se debe a su audiencia, y por ella, ser frontal pero no mal intencionado, debe estar dispuesto a usar su cláusula de conciencia y sobre todo ser responsable de lo que comunica.
Para él resulta importante considerar tres palabras: descripción, verdad y ética. Estas palabras, que sin contexto suenan disonantes, en realidad son parte de esta aspiración por la objetividad. A medida que la noticia toma forma en el papel, nos enfrentan al complicado problema de transmitir una información responsable que, mediante una descripción de los eventos, se apegue a la verdad y que no viole algún código deontológico. Nuestro ingenio debe calzar armónicamente los principios epistémicos para acercarnos a la veracidad de los “hechos” y, nuestro sentido común debe estar alerta para no ser tendencioso, a pesar de que se filtre algún criterio o valoración personal. A pesar de este minucioso proceso, no hemos alcanzado la objetividad.
Javier Darío Restrepo, comunicador con 45 años de ejercicio, Defensor del lector de “El Colombiano de Medellín” y director en talleres de ética en la "Fundación para el Nuevo Periodismo en toda América Latina" pone a consideración varios aspectos más que debemos tomar en cuenta. “Finalmente agrega… “Esa ilusión de objetividad desaparece cuando intervienen las inevitables tomas de posición, implicadas en la decisión entre varios hechos que pueden ser convertidos en noticia: ¿cuáles se cubren y cuáles se silencian? Al optar por un determinado hecho, viene un segundo paso: las fuentes que se consultaron: ¿por qué esas y no otras? Se repite el fenómeno cuando el periodista utiliza el material proporcionado por las fuentes, porque debe seleccionar unas partes y descartar otras: ¿con qué criterio se hace la selección? Y las decisiones continúan al preferir un enfoque a otros, al titular, al subtitular, al diagramar, al ilustrar. En todas estas etapas se mantiene vivo el riesgo de que las posiciones subjetivas impidan la objetividad”[8].
La defensa de la objetividad en el periodismo y la proclamación pretensiosa de los medios y de los periodistas de ser neutrales, imparciales y objetivos no es sino un sofisma que oculta el papel del cuarto poder en la construcción de nuestras sociedades, un papel que no ha defendido precisamente los intereses de la sociedad en general, sino que ha custodiado, a través de la manipulación de la “opinión pública”, los intereses de sectores minoritarios y opulentos.
[1]RESTREPO, Javier, Darío, La objetividad periodística: Utopía y Realidad, en Revista Latinoamericana de Comunicación Chasqui, fecha de revisión: 13 de junio de 2011. [2] SALINAS, Pedro, Rajes del oficio, Editorial Planeta, pág. 96
[3] www.rae.com
[4] Biólogo y filósofo chileno, considerado uno de los fundadores de la doctrina del constructivismo radical, una teoría epistemológica que considera la actividad neuronal como un sistema autorregulado. [5] Umberto Eco: Sobre Semiótica y Pragmatismo. Entrevista* Publicada originalmente en The Harvard Review of Philosophy, Primavera 1993, Harvard University.
[6] RODRÍGUEZ, BORGES, Rodrigo, La objetividad periodística, un mito persistente, Revista Latina de Comunicación Social, La Laguna, número 2, febrero, 1998.
[7] RESTREPO, Javier, Darío, La objetividad periodística: Utopía y Realidad, en Revista Latinoamericana de Comunicación Chasqui, fecha de revisión: 13 de junio de 2011. [8] Ibid.
CONTEXTO
- La objetividad en las Ciencias Sociales
- Filosofía de la ciencia; "objetividad" y teoría del conocimiento
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